La pregunta llega siempre, casi siempre la noche anterior: «¿qué me pongo?». Es la duda más razonable de todas, porque la ropa es lo único de la sesión que decides tú por completo, y porque en una foto la ropa no se comporta igual que en el espejo. Lo que sigue no es una lista de reglas, sino la explicación de por qué ciertas cosas funcionan delante de un lente y otras dan guerra. Con eso, elegir se vuelve fácil.
Antes de la ropa: dónde va a terminar la foto
La primera decisión no es de vestuario. Es preguntarse para qué es la sesión, porque eso ordena todo lo demás.
- Un retrato para la casa se mira durante años. Conviene ropa que no delate el año en que se hizo.
- Un retrato profesional tiene que parecerse a cómo te ves un martes en el trabajo, no a una versión disfrazada de ti.
- Una sesión de celebración —quince, graduación, cumpleaños— admite lo contrario: ahí sí tiene sentido lo que no se usa todos los días.
Casi todos los errores de vestuario vienen de mezclar estas tres cosas sin darse cuenta.
La primera decisión no es de vestuario: es para qué es la sesión.
Lo que la cámara agradece
Colores plenos, sin estampados chiquitos
Un color liso deja que la cara sea lo primero que se mira. Los estampados muy pequeños y las rayas finas, en cambio, pueden producir muaré: un patrón de ondas que aparece cuando el dibujo de la tela se acerca al tamaño del pixel del sensor. No siempre pasa, pero cuando pasa no se arregla en edición.
Un color liso deja que la cara sea lo primero que se mira.
Telas con cuerpo
La ropa que cae —punto grueso, lana, mezclilla, sedas pesadas, cuero— sostiene la forma y dibuja pliegues limpios. Las telas muy livianas y brillantes, tipo satén delgado, se arrugan con cualquier movimiento y devuelven reflejos duros que compiten con la piel.
Mangas, si el foco es el rostro
La piel llama la atención en una foto. Si hay mucha piel de brazos, la mirada se reparte; con manga, el rostro se queda con todo el peso. No es una norma moral: es adónde va el ojo.

Un color que dialogue con el fondo
En estudio elegimos el fondo, así que puede acompañar a la ropa. Lo que conviene evitar es el choque exacto: un vestido negro sobre fondo negro convierte el cuerpo en una silueta sin forma, salvo que ese sea justamente el efecto que buscamos, y entonces se ilumina de otra manera.
Lo que suele dar trabajo
- Logos y marcas grandes. Fechan la foto y le dan la palabra a otro.
- Verde muy saturado cerca de la cara, y en general cualquier color fuerte a poca distancia del rostro: rebota y tiñe la piel. Se corrige, pero se pierde algo de naturalidad.
- Ropa que aprieta. Se marca la costura, y sobre todo cambia la manera de moverse; se nota en la postura antes que en la tela.
- Cuellos anchos y caídos en fotos de medio cuerpo: dejan un vacío entre el mentón y la ropa que hace ver el cuello más largo de lo que es.
- Zapatos nuevos sin estrenar. Si hay fotos de cuerpo entero, dos horas de pie con zapatos que no se han usado se ven en la cara.
Traer más de un conjunto (y cómo elegirlos)
En una sesión de una hora entran cómodos dos o tres cambios; en una de dos horas, cinco o más. La manera más eficiente de aprovecharlos no es traer cinco variantes de lo mismo, sino cubrir registros distintos:
- Uno sobrio y atemporal —liso, oscuro o neutro— que sea la foto que se va a imprimir.
- Uno con color o textura, más suelto, para las tomas con movimiento.
- Uno personal: la chaqueta de siempre, el vestido de la abuela, la camiseta del equipo. Suele dar las fotos más honestas de toda la sesión.
Si dudas entre dos, tráelos los dos. Decidir en el estudio, con la luz puesta y viéndolo en pantalla, es mucho más fácil que decidirlo la noche anterior en casa.
Si dudas entre dos, tráelos los dos.
Detalles que casi nadie considera y se ven en la foto
- La ropa planchada. Una arruga que en la calle nadie nota, en una foto de dos metros de ancho se ve.
- Las marcas del elástico. Los calcetines apretados, el sostén o el reloj dejan surcos en la piel que tardan un rato en irse; conviene soltarlos un poco antes de empezar.
- Lo que va debajo. Con telas claras, la ropa interior oscura se transparenta más de lo que parece bajo luz de estudio.
- Las gafas. Si las usas siempre, tienen que estar en las fotos: es tu cara. Si el reflejo molesta, se resuelve con la altura de la luz, y a veces ayuda pedir un armazón sin lunas en la óptica.
- Las uñas. Aparecen más de lo que uno cree, sobre todo cuando las manos tocan el rostro.
Maquillaje y peinado
La luz de estudio es más pareja que la del día y tiende a aplanar un poco los rasgos; por eso el maquillaje puede ser un punto más marcado de lo habitual, sobre todo en cejas y contorno de ojos, sin llegar a nada teatral. La piel importa más que el color: una base bien difuminada rinde más que cualquier otra cosa.
Sobre el peinado, lo único que conviene mirar es si es un peinado que se sostiene. Un recogido que se abre a los veinte minutos obliga a interrumpir; una plancha que cede con la humedad, también. Si vas a hacerte algo especial, hacerlo el mismo día suele salir mejor que la noche anterior.
Y si nada de esto te convence
Elegir ropa para una foto es más fácil conversándolo que leyéndolo. En nuestras sesiones incluimos una asesoría antes de la fecha: mandas fotos de lo que estás pensando —del armario, del celular, como sea— y las miramos juntos contra el fondo y la luz que vamos a usar. Es la manera más rápida de llegar tranquilo el día de la sesión.
Si estás preparando una sesión concreta, en las páginas de cada tipo de sesión está lo que incluye cada paquete, y ahí también verás cuántos cambios de vestuario entran cómodos en cada duración: sesión personal, quince años, graduación o familiar.
Shima Estudio · Barranco
La ropa se conversa antes
En nuestras sesiones va incluida una asesoría previa: nos mandas fotos de lo que estás pensando y lo miramos contra el fondo y la luz que vamos a usar.
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