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«No sé posar» — y por qué eso no decide nada

Luis Shimabukuro · Septiembre de 2026 · 4 min de lectura

La frase llega casi siempre antes que la reserva: «te aviso que no salgo bien en las fotos», «no sé posar», «salgo mal en todas». Se dice como una advertencia, casi pidiendo disculpas por adelantado. Vale la pena responderla en serio, porque parte de una idea equivocada: que posar es una técnica que uno tiene que haber estudiado.

No lo es. Posar es una actitud.

Posar no es una técnica que se estudia: es una actitud.

Jugar a ser modelo

Muchos lo hicimos alguna vez frente al espejo, imitando algo visto en la tele o en el cine. Y si nunca lo hiciste, este es el momento. De eso se trata una sesión: no de acertar una postura correcta, sino de jugar a ser otro durante un rato, divertirse y no preocuparse. Suena demasiado simple para ser el consejo principal, pero es el que de verdad cambia las fotos.

Guardar una foto y no atreverse

Pasa a menudo. Alguien ve una foto en internet, le gusta, la guarda, la trae de referencia. Y llegado el momento, no se atreve. Aparece la pregunta de siempre: ¿qué van a pensar si me ven así?

En el estudio no hay nadie mirando. Está la cámara y estoy yo, y yo estoy de tu lado.

Lo que se pone en juego no es tu reputación: es una oportunidad que la vida diaria casi nunca da, la de dejar de ser uno y ser otro un rato. ¿A quién no le gustaría tener licencia para ser distinto durante unos minutos?

¿A quién no le gustaría tener licencia para ser distinto durante unos minutos?

Esa es la parte de interpretación que tiene posar, y es la más divertida. La sesión permite ser como te gustaría ser, o como nunca te habías imaginado. No tiene por qué parecerse a ti un martes cualquiera. Para eso ya está el resto de la semana.

Sesión de retrato en el estudio de Barranco: jugar a ser otro delante de la cámara
Dejar de ser uno y ser otro un rato: ahí es donde aparecen las fotos que se quedan.

Lo que hace la magia no lo pongo yo

Durante la sesión doy indicaciones todo el tiempo: el peso del cuerpo, la mano, el mentón, la mirada. Ese es mi oficio y no hace falta que sepas nada de eso al llegar. Pero mi trabajo es pulir. Lo que hace que una foto pase de correcta a memorable es tu soltura, tu frescura, el momento en que te dejas llevar y se te olvida que hay una cámara.

La técnica la pongo yo. La magia la pones tú.

Por eso una foto rara vez sale mal por la pose. Sale rígida cuando uno siente que lo están evaluando. Y esa sensación no se corrige con instrucciones: se va sola, a los pocos minutos, cuando aparece la primera foto buena en la pantalla y descubres que la persona que estás viendo ahí eres tú.

Es un trato de confianza

Una sesión de retrato se parece más a una conversación que a un trámite. Mientras más química haya, mejor sale, como en cualquier relación humana. Con el rato dejo de ser el señor de la cámara y me convierto en un cómplice: alguien que ya entendió cómo eres, dónde está tu mejor lado, y que pinta con luz esa forma tuya.

«Me saca delgada»

Es la broma que más escucho al ver las fotos. Detrás de la broma casi siempre hay algo real, así que respondo lo mismo siempre: todos podemos encontrarle algo malo a cualquier cuerpo, incluso a uno perfecto. Todo depende de cómo lo miremos. Lo que sí se puede hacer, y es parte del trabajo, es destacar tus mejores ángulos y acomodar la postura.

Todos podemos encontrarle algo malo a cualquier cuerpo, incluso a uno perfecto. Todo depende de cómo lo miremos.

Y hay algo que pasa seguido y que no esperaba cuando empecé: la gente sale de la sesión mirándose distinto. Verse en una foto bien hecha, con luz y con tiempo, es una forma de reconocerse. A veces de aceptarse.

Lo que de verdad hay que traer

Ganas. Nada más. Ni poses estudiadas ni referencias memorizadas; si traes referencias, mejor, pero para conversarlas, no para aprobar un examen. Los primeros minutos son para acomodarse y están contemplados dentro del tiempo de la sesión: no hay ninguna obligación de salir bien en la primera foto.

Al final, las fotos son para ti

Nadie se hace fotos porque le vaya mal. Quien reserva una sesión está en un buen momento de su vida y quiere dejarlo grabado. Por eso mi trabajo no termina cuando salen buenas fotos: termina cuando te sientes bien contigo y las miras como lo que son, el recuerdo de esta época tuya, con toda su locura.

Son un encuentro entre quien eres y quien pudiste o puedes llegar a ser. Un regalo íntimo, para ti. Quizá no lo vea nadie más; quizá dentro de un tiempo lo muestres con orgullo. Las dos cosas están bien.

Un regalo íntimo, para ti. Quizá no lo vea nadie más; quizá algún día lo muestres con orgullo.

Eso es lo que queda: el rato en que saliste de lo de siempre y te convertiste en un personaje de tu propia historia.

Shima Estudio · Barranco

Ven a jugar un rato

Tú pones las ganas. La luz, la dirección y el tiempo los ponemos nosotros, y ves las fotos en pantalla mientras trabajamos.

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